Peter Hopkins, licenciado por Harvard en 2004, tenía una idea para un negocio: una web que pudiera hacer por los intelectuales lo que YouTube hizo por los bulldogs o los monopatines.
Este ciudadano estadounidense estaba hastiado de la ingente cantidad de vídeos intrascendentales que la gente comparte a través de internet gracias a YouTube. Finalmente, tuvo la idea de crear un nuevo portal similar a este, pero con la diferencia de que en él no se compartirían vídeos de gente cayéndose en una boda o chinos cantando la macarena. Nació entonces BigThink, una web donde compartir ideas.
Con esta iniciativa, se pone sobre la mesa la gran cuestión de para qué puede servir internet. Miles de visionarios lo presentaron y siguen presentando como una maravillosa herramienta capaz de unir pueblos remotos y fomentar el intercambio de ideas entre los miles de millones de personas que habitamos este planeta. Pero aquella maravillosa creación no ha contribuido al enriquecimiento cultural ni ha despertado un adormecido sentimiento de fraternidad entre personas alejadas por miles de kilómetros. Eso sí, ha servido para matar el tiempo hablando a base de emoticonos por el messenger, para tener el porno siempre a mano, para reírnos viendo vídeos de concursos japoneses y para mandar y recibir presentaciones en PowerPoint repletos de filosofía barata.
Una red mundial de comunicación presenta oportunidades nunca antes imaginadas y existen personas que son conscientes de ello, ahora le toca percatarse al resto. De momento, la noticia no ha importado a mucha gente. Parece que tenemos PowerPoint para rato.

Y es que la composición de un himno
Si bien el poder político que la Iglesia ostentaba años atrás ya es cosa del pasado, los obispos han sido capaces de demostrarnos que no piensan perder lo poco que les queda. Vivimos en una sociedad democrática, plural, en la que la religión ha perdido y sigue perdiendo importancia en las vidas de los ciudadanos. Si bien