La reciente filtración de algunos datos del Informe PISA 2006 confirman lo que ya sabíamos todos, el nivel de conocimientos de los jóvenes españoles deja mucho que desear.
Mejor omitir los datos, que ya son conocidos por todos, y ahorrarnos así un momento más de vergüenza. Sin embargo, la conclusión es ineludible: los jóvenes españoles no tienen un aceptable nivel de conocimientos al acabar la ESO. Y por si no fuera bastante esta rotunda afirmación, ir más allá no hará sino clavarnos puñales aún más profundos y sumirnos en una desilusión propia de un ambiente bélico. Allá vamos, pues, absténganse personas sensibles.
¿Qué entenderíamos por “nivel de conocimientos aceptable”? Un nivel de conocimientos aceptable es aquél que permite al alumno saber acerca de sí mismo y del mundo que le rodea, conocer las leyes por las que se rige su vida y la de los demás. En definitiva, lo que le hace ser persona, liberándolo del puro instinto animal. La educación nos abre las puertas de la libertad humana, permitiéndonos romper las cadenas de la ignorancia y liberarnos de la consiguiente manipulación y determinación que esta conlleva. Por ello nació la educación pública y obligatoria, para garantizar a todas las personas una enseñanza mínima que les permitiera definirse como tales.
Un 30% de los jóvenes españoles no supera la Educación Secundaria Obligatoria, no alcanza ni tan solo el nivel mínimo de conocimientos que le libran de la mediocridad. Este 30% está condenado a trabajar por un mísero sueldo y subordinado a un jefe que contará con él solamente mientras su espalda aguante el peso del trabajo. Concentremos pues nuestras esperanzas en el 70% restante. Sin embargo, según el Informe PISA, la mayoría de este 70% no alcanza un “nivel aceptable de conocimientos”, por lo que seguramente no proseguirán con estudios postobligatorios. Deberíamos entender entonces que estarán destinados a ejercer trabajos de mantenimiento, quizás secretaría… ¿Con qué porcentaje nos quedamos ahora? Es difícil saberlo, ¿un 50%?. De este porcentaje una parte se decantaría por Formación Profesional, decidiendo así formarse para un trabajo específico y, supongamos, bien pagado. Otra parte, quizás el 30%, seguiría estudiando Bachillerato, educación que todavía no se centra en enseñar a trabajar, sino en enseñar. Acabado este periodo algunos estudiantes, agobiados, verán imposible terminar con éxito una carrera universitaria, por lo que decidirán estudiar un Ciclo Formativo de grado superior. Estos últimos conseguirán un buen sueldo, un buen trabajo y, por lo tanto, una buena vida.
Y por fin llegamos a ese 20% que consiguió, a pesar del pésimo sistema educativo, librarse de las cadenas y ascender hacia el maravilloso mundo del conocimiento, de la razón, de la cultura, de la investigación, de la sabiduría y, en fin, de la humanidad. Este 20% son las personas que descubrirán la cura para las enfermedades del mañana, que conseguirán encontrar nuevos modelos de sociedad más justos, que serán capaces de crear obras magníficas, proyectos envidiables e ideas nunca antes imaginadas. Habrán conseguido esquivar esa “educación para el trabajo”, demostrando así que el ser humano no es una simple pieza más de la maquinaria. Serán ellos los que mañana intenten abrir los ojos al 80% restante que se quedó por el camino, puede que elaborando nuevos Informes PISA.