La cultura del miedo
A menos de un mes para las elecciones generales del 9 de marzo, la habitual y ya conocida pugna por quién da más ha traspasado la barrera del cheque y se asienta ya en la cuestión de quién nos protegerá más ante los peligros que nos acechan.
Este asunto ha sido estudiado ya en multitud de ocasiones, principalmente en Estados Unidos debido al arraigo que ha conseguido entre su población. Pero esta técnica de obtención de votos a traspasado el Atlántico y ya se encuentra en nuestro país. Aquí, es habitual ver la puja de los partidos políticos por ver quién ofrece más: cheques, dentista gratis, reducción de impuestos… Pero esta especie de caciquismo del siglo XXI está dejándose a un lado para centrar los esfuerzos en otra manera de recaudar votos mucho más efectiva con la sociedad de nuestros tiempos, la cultura del miedo.
Porque el miedo es el sentimiento más traidor que ha podido poseer el ser humano. La codicia y el egoísmo son fácilmente censurables, lo que ha hecho que pierdan fuerza y vigor, al menos en sus expresiones más extremas. Pero algo distinto ocurre con el miedo. El miedo es una sensación tan íntima, tan personal, que es difícilmente censurable en una sociedad democrática. Y si su censura es difícil, lo es mucho más el autocontrol. El miedo, como mecanismo de autodefensa que ha permitido al hombre sobrevivir durante miles de años, está enraizado en lo más profundo de nosotros, y los políticos lo saben.
Ya no centran sus esfuerzos en llenar nuestros bolsillos confiando en ganar así nuestro voto, saben que esa codicia es fácilmente controlable, aún más conociendo la falta de memoria de la clase política en lo que a promesas se refiere. En lugar de eso, intentan hacer surgir nuestro miedo. Miedo al desconocido, al extranjero, al delincuente, al ladrón, para después ofrecernos seguridad contra aquellos que atacan nuestras costumbres, roban nuestras casas, violan a nuestras hijas y apuñalan nuestras espaldas. Todos estamos a su merced, expuestos a todo riesgo, cada día de nuestra vida, cada minuto de nuestros días. El crimen y el desorden inundan nuestras calles y necesitamos alguien que nos ayude, que nos protega, que aprese a los malvados y expulse a los delincuentes. Pero, menos mal, ellos están ahí. Ellos nos salvarán, sólo debemos darles nuestro voto. Así de fácil. Con ellos gobernando, las calles respirarán tranquilidad, nuestras familias serán libres y nuestra espalda estará protegida. No importa nada más. Porque con miedo no se puede vivir.
Este ciudadano estadounidense estaba hastiado de la ingente cantidad de vídeos intrascendentales que la gente comparte a través de internet gracias a YouTube. Finalmente, 
Y es que la composición de un himno
Si bien el poder político que la Iglesia ostentaba años atrás ya es cosa del pasado, los obispos han sido capaces de demostrarnos que no piensan perder lo poco que les queda. Vivimos en una sociedad democrática, plural, en la que la religión ha perdido y sigue perdiendo importancia en las vidas de los ciudadanos. Si bien
Por esto es necesario preguntarnos en qué Europa vivimos y qué significa ser europeo. Esta pregunta se ha hecho más necesaria que nunca en este momento, justo tras la
España no está acostumbrada a dar lecciones democráticas a ningún otro país, y todavía le queda bastante para poder hacerlo. Si bien es cierto que la democracia está plenamente asentada desde hace 30 años, la cultura democrática todavía no se ha acabado de forjar en la mente tanto de los políticos como de los ciudadanos. Esto parece estar cambiando, aunque sea a fuerza de copiar las “costumbres” democráticas de nuestros vecinos europeos. Una de estas señales de cambio se dio con la aparición del programa Tengo una pregunta para usted, que por primera vez en nuestro país permitía a los ciudadanos formular sus preguntas directamente a los políticos. Cómo no, lo copiamos de nuestro vecinos los franceses. Y